Una de las tradiciones durante mis 5 años en la Universidad fue la de ir los jueves al teatro Romea y disfrutar con Paco de alguna ópera. Con el carnet de la Universidad nos salía la entrada a 500 pelas y siempre conseguíamos pasar de los peores sitios al patio de butacas. Los acomodadores hacían la vista gorda y no les importaba que nos sentáramos al fondo del todo a disfrutar, probablemente con mucho más interés del montaje que el resto de la gente. Pasábamos unos minutos arriba en el gallinero, observando a los quieroynopuedo, a las señoras que vestían sus visones en Abril en Murcia (visones a 30 grados, algo acojonante), que habían pagado una pasta (5.000 pesetas por una butaca en el patio y les debía tocar los huevos que nada más que se apagaban las luces, varios universitarios se colaban por entre las columnas para poder ver mejor la representación. Realmente lo que me gustaba de todo el tinglado era la escenografía, la orquesta, cómo eran capaces de moverse y cantar a toda cebolla (es algo que a mí me cuesta mucho, me falta fuelle). Nos reíamos del paquete del Torero en Carmen, de lo mal que se murió Violetta (en serio, cómo se puede uno morir tan pateticamente... Sra. Soprano, si me lee usted, qué mal se murió usted...), del megapaquetorro de aquel tenor en Così fan tutte (Paco apostaba por varios paquetes de kleenex, yo directamente decía que eran calcetines). Recuerdo que se me encogió el alma cuando oí por primera vez el
coro de susurros de Madame Butterfly. Al contrario que Paco yo iba de nuevas, no quería oír nada antes para no "saber" qué me iba a encontrar. Obvio que algunas óperas las conocía, otras no tanto, pero sí que creo que en algunas ocasiones conseguía astraerme por completo y quedarme prendada con alfileres invisibles de la jaula del Papageno, o de sufir cuando la Reina de la Noche surgía de entre los cielos para putear a Pamina y hacer que matara a Sarastro. O lo bien que se hizo Madame Butterfly el harakiri... ángelico mío.
El caso es que un día apareció por casa Juanpe (el cabrón con el oído más perfecto que conozco) y en cosa de media hora estaba sentada en su coche, camino del Auditorio porque me había comprado obras para una ópera "que no era ópera": Porgy and Bess.
Mafalda: ¿Porqyqué?
Juanpe_perfect_Ear: Es de Gershwin
M: ¿El de "Un americano en París"? ¿Ese tío hizo óperas?
JPE: Sí, y te va a encantar. Es un montaje que blablabla, el único que fue autorizado por Gershwin, blablabla.
Me siento en el auditorio y durante más de dos horas no fui capaz de cerrar la boca. Primero por el montaje, un despliegue del cagarro, americano, que eso ante mis ojos es como si el mismísimo George Lucas con su camisa de franela hubiera montado el escenario. Acostumbrada a ver montajes mucho más precarios aquello fue como estar en el puto Disneyworld. Unos cantantes acojonantes... y una ópera que no era ópera: Putas, chulos, drogadictos, un lisiado con un corazón de oro... un pueblo de pescadores, asesinatos. La ostia en vinagre, y encima bien hecha. ¿Qué más podía pedir? Descubrí que sí que conocía algo de aquella ópera, y ese "Summertime" todavía me gusta oírlo en distintas versiones, aunque
como la versión de Ella Fitzgerald y Louis Armstrong, pocas...
Creo que nunca le agradecí lo suficiente a JPE el haberme llevado ese día, pero no sé por qué... me enamoré de Porgy and Bess, y lo mismo que Arwen hace su lectura anual del Señor de los Anillos a mí me gusta volver a escuchar esa ópera que no es ópera, que no se llegó a considerar como ópera hasta mucho mucho mucho tiempo después de haberse compuesto. Igual es por llevar la contraria, porque cuando para todo el mundo la ópera es un señor gordo disfrazado de Drag Queen y con toneladas de maquillaje para mí es lo que representó aquel día: Jazz, Blues, unas voces increíbles. Y porque cuando digo que mi ópera favorita es "Porgy and Bess" la gente siempre me contesta "¿Porgyqué?".