Querida sobrina... pronto aprendes que la genética juega malas pasadas: Sacas los ojos azúles de tu padre y grandes como los de tu madre, la nariz respingona también de tu madre, la carita redonda de tu tía...
... y las orejas de tu abuelo. Qué cabrón aquel Mendel, ya se podría haber quedado quieto con los jodíos guisantes.

O_O
Dios, pobre niña, toda la vida condenada a llevar el pelo suelto y jamás, JAMÁS, ponerse coletas...
Pero por lo demás, es una monada!!!! :)
Espero que si siguen creciendo en proporciones desmesuradas y dumbinianas, tengan a bien operárselas. Que por lo visto es una operación muy sencillita y muy poquita cosa...