Mafalda
Hacía mucho mucho mucho tiempo que no pasaba 5 días tan chungos como estos... entre los mocos, la femeneidad desmesurada por culpa de la medicina de los mocos y una flojera persistente desde hace ya un par de semanas, palabrita del niño Chus que no creía que llegaría a hoy. Y aunque la flojera persiste, la cual combato con bocadillitos de jamón con tomate que me prepara el camarero más simpático de todo el Huerto de Vicente (como coloquialmente llamamos al World Trade Center), tenía muchas ganas de que llegara hoy. Voy a cumplir expediente en la oficina, me iré a casa, me daré una laaarga, laaarga ducha de agua caliente. Mientras me voy lavando el pelo aprovecharé para ponerme el barro apañaporosquetecagas que me traje de Nueva Zelanda, y me voy a niquelar el cuerpo para quedarme estupenda... porque mañana, ladies and gentlemen... ¡¡Voy a ponerme gocha a comer calçots!!

Una calçotada mola "quiticags" (en català) porque es una excusa para juntarte con un montón de amigos, ponerte un babero ridículo para no mancharte y comerte los calçots mojados hasta las trancas de salsa romesco. Los calçots en sí no saben a mucho... un cierto regustillo a cebolla, pero poco, pero todo lo que los rodea: la salsa (aaaaaaaagh la salsa...), el vino, el pà amb tomaquet (pantumaca, vamos), el all i oli, los kilos y kilos de carne (costillas, butifarras, chorizos, morcillas...), más salsa de romesco, patatas asadas, alcachofas al horno... y lo mejor de todo es que estos restaurantes sí que cobran una pasta por el menú de calçotada (ronda entre 40 y 50 pavos), pero es comer hasta que revientes. Sin medida.

Un menú típico sería: Viene el camarero y empieza a traerte los calçots (en teja) y vas comiendo hasta que realmente sientas como que te asoman por el gaznate, y ahí ya dices (igual después de 8 o 9 tejas entre varios, pero el medio melón ha llegado a comerse 4 tejas mano a mano con un amigo): Trae ya la carne. Y la carne son fuentes y fuentes de chicha varia con pan y tomate, más salsa romesco, alioli, patatas y alcachofas... y sigues comiendo... hasta que llega un punto en que piensas: Si me meto este trozo de buti, reviento. Entonces paras... sigues la charleta y te traen el postre, que suele ser crema catalana o una especie de cestas de frutos secos que sirven con chupitos de mistela. Y como colofón, chupitos varios de orujos y similares. Si tienes aún tragaderas, puedes continuar con la copa, y si sólo te queda un mínimo espacio (lo que me suele pasar a mí) aprovecho para meterle el sobre de Almax. En algunos restaurantes el menú lleva también escudella (justo después de los calçots), y un plataco de escudella, antes de la carne es realmente algo muy muy heavy. En el restaurante al que vamos mañana (antes las calçotadas las hacíamos nosotros, pero es un muere asar kilos y kilos de calçots, que en la última que hicimos contamos hasta 90 manojos de cebolletas y chopocientas costillas, así que pasando) no ponen escudella, pero vamos, que la ingesta va a ser importante. Así... que esta noche ceno lo mínimo para que mañana mi estómago esté en perfectas condiciones para el gochamiento bestial anual. Creo que el domingo mi cuerpo tendrá reservas de energía para suplir las que he ido perdiendo esta semana, que han sido muchas :S

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Edito: Los calçots se pelan antes de comerlos... que aunque en la foto se vean todo chamuscosos y calcinados de las brasas, una vez que se pelan (y es un arte, que yo tardé en pillarle el tranquillo hasta que un amigo me dijo: Tú lo agarras como una polla pero al revés, y la descapullas. Entonces fue aprender y no parar... Si como yo le dije: Hostia, explicarme las cosas que lo entienda, joer, que soy muy básica :P) se quedan blanquitos, perfectos, y listos para el ahogamiento del mismo en la salsa romesco.
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